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30 septiembre 2012

Extinción Astral [2.0]

Les dejo aquí de nuevo este cuento parte de mi cuentario (en desarrollo) "Los hijos del mal" , en esencia el mismo, simplemente se le hicieron unos cambios con respecto al borrador inicial y si fuera necesario se retomarán los cambios para el mismo

“Rojo, el cielo que cubre
Estos empedrados riscos.”


Miró el cielo rojo, las nubes negras corrían como si el tiempo huyera de su propio fin.

Encerrado en la pequeña y vieja cabaña, el hombre yacía de rodillas en el suelo, era  un títere sin quien manipulara sus cuerdas, su mente lo mantenía consiente pero su cuerpo no respondía. Miraba como a través de un cilindro, allí, cual si se encontrara en una habitación lejana,  enclaustrado en un agujero.

Sintió el crujir de sus huesos, fuertemente sonaban, el romper estruendoso de cada uno de ellos. Su cuerpo comenzó a moverse por decisión propia; sus manos se movían con fuerza y de un lado a otro, su torso iba y venía, como cuando el titiritero acomoda la posición de su muñeco.

Sus manos comenzaron a tornarse nudosas y sus dedos alargados crujían con cada movimiento incongruente,  para verlas convertidas en zarpas, en nudosas y pequeñas lanzas, y de cada dedo, uñas filosas crecían enormes, navajas hambrientas de carne.

Las manos subieron a su rostro, temblando, crujiendo, cada dedo se dislocaba y volvía  a su posición original, llenando de miedo su mente, su ser que se hallaba encerrado.
Se colocaron sus manos frente a su cara, las uñas ahora garras amenazaban moviéndose sin descanso y sin imaginarse lo que vendría, sus manos ya no tan suyas clavaron esas afiladas garras en su rostro con furia incontrolable.

Su cuerpo ya no era suyo, no sintió dolor en el momento y eso se lo confirmó, no sabía lo que pasaba solo veía a su cuerpo luchar por arrancar algo de sí, como sus manos trataban de sacar algo de sus adentros. Y miró esos dedos, esas uñas, esas garras acercándose a su claustro para tomarlo del rostro, jalarlo, arrastrarlo hacia el exterior, y ahí comenzó el dolor.

Sentía un dolor punzante, como si clavaran cuchillos en todo su cuerpo, ¿Pero que cuerpo?, pensó tratando de gritar, pero no había manera, su voz, su tacto no había reacción en sus sentidos, solo su mente existía ahí, y ahora su propio cuerpo lo estaba sacando de “si mismo”, en un momento pensó que todo era una pesadilla, pero el dolor era más y más insoportable.

Pudo verse a si mismo, sus manos ya habían sacado parte de su alma al exterior de su cuerpo. Si, su alma, su conciencia, ese sentido que gobierna a los otros ya era casi en totalidad arrancada de su carne. Sintió arder su cuerpo, esa forma que ahora asemejaba su antiguo cuerpo, fantasma de lo que fue ahora ardiendo en un dolor que como el tiempo corría y lo devoraba.

Luchó por regresar por conservar su cuerpo, pero este con furia desenfrenada lo sacó totalmente y lo lanzó lejos hasta el otro lado de la habitación y allí cayó herido, ardiendo, sufriendo.
Lentamente se levantó el alma, el espíritu agonizante, solo para verse frente a frente con lo que creyó su cuerpo,  ahora nudoso, moviéndose como la marioneta que parecía.

El cuerpo levantó su mano, crujiendo, temblando, apuntando con su dedo volvía a mirar el espíritu frente a él, sus ojos totalmente blancos transmitían furia y abriendo su boca un aullido bestial llegó hasta la conciencia del alma, cadenas surgieron del suelo atando al espíritu, cadenas mezcladas entre negro y plata, cadenas reales atando un fantasma. El alma miró aterrada su ser físico, la ventana a las espaldas del cuerpo mostraban el rojo del cielo y las nubes negras haciendo ver al ente físico frente a él más infernal de lo que ya era, humo salía de la boca del cuerpo y el aullido seguía yendo y viniendo en su conciencia.

El techo de la cabaña se abrió, y las nubes que ahora se movían en espiral, en el centro una montaña llena de riscos y empedrados de cabeza, atraían las nubes hacia si y como las aguas en un remolino se lanzaron sobre el alma tomándola y arrastrándola a el empedrado infernal haciéndola desaparecer.

El cuerpo se incorporó y dirigió sus pasos hacia la puerta, abriéndola y saliendo de la cabaña se escucho salir de sus humeantes fauces:  -“ Al fin libre” - y dirigiendo su andar hacia la ciudad, desapareció.

31 marzo 2012

El último en Babel [continuación/fragmento]


Aquí les dejo un fragmento de este cuento que me encuentro escribiendo, es aun un borrador por lo que puede contener faltas, espero sea de su agrado.

Akkad era un bello lugar, Al-Furat y Khabor vertian sus aguas y llenaban de vida la ciudad.
Nimrod gobernaba a mano dura pero llevando la cuidad a una bella época de bienestar; era regio, cazador imparable, pero detrás de todo su temple de acero, siempre pensaba en el bienestar de su pueblo.
Lo conocí bien, pues a pesar de mi joven edad me convertí en su mano derecha, aún viniendo yo de cuna humilde mi ingenio me ayudo a escalar.

-El cielo tan lejano, allí donde las penas no llegan y todo es infinito, el cielo Sarif, el cielo es a donde deberíamos ir-

-Perdón su alteza, no comprendo a lo que se refiere- le dije un poco confundido.

-Mira Sarif, si pudiéramos llegar ahí, a lo alto, sería el gobernante mas imponente, pues gobernaría en las alturas, y llevaría así a mi pueblo quien en lo alto, pero bajo de mi, estarían siempre a salvo, sin guerras, sin temores-

-Mimrod, majestad no comprendo su deseo-

-Mira Sarif, no debes entenderlo, simplemente crea para mi una estructura, una manera de llegar ahí a esas alturas-

-Así lo haré señor- conteste un poco temeroso.

Conocía bien a Mimrod y sabía que si no le obedecía lo pagaría con algo mas que mi vida.

Algunos lo llamaban el dios cazador y no solo por su afición a la caza si no que circulaban leyendas de que disfrutaba cazar a sus enemigos en combate y que como premio tomaba sus almas para él. Nunca pude verificar dicha historia y no quería tener que comprobarlo en carne propia.

Pasaron los días, yo me dedicaba a tiempo completo a el diseño de la estructura, una tras otra iban siendo desechados debido a las necesidades del rey Nimrod y este se ausentaba por largos periodos, actuando extrañamente como si ocultara algún secreto.

Al final de una semana de dibujos y decepciones Nimrod aceptó un bosquejo, era una torre circular, escalonada, cada piso sería como una instancia de la ciudad, contando con habitaciones corredores, entre otros; mas una petición de Mimrod me extrañó, este me pidió que a partir del piso del ultimo nivel se dejara de manera circular un espacio en vacío, un espacio libre que “conectara” la base de la torre con la cima. No entendí la petición pero igual lo hice.

La construcción inició, sin retraso; oh pobre de mi, si hubiera sabido lo que esta torre me depararía jamas hubiera seguido las indicaciones de Mimrod, incluso el desaparecer de esta vida hubiera sido mejor.  

28 noviembre 2011

La vieja casa [Fragmento]


Aquí les comparto un fragmento de mi cuento la vieja casa, aun un poco sin pulir pero espero que aún así lo disfruten

La vieja casa

 "A veces la mente juega con nosotros, por sugestión o por poder de la mente (como  muchos le llaman) podemos vivir situaciones tan reales que la única diferencia entre la verdad y la ilusión es ínfima y todo se trastorna en constantes palpitares. Uno de los más fuertes estado es el miedo, donde este puede transformar nuestro entorno en una vivida pesadilla y dejarnos tan indefensos como un recién nacido. Pues bien, el adentrarme a esos puntos sería tocar un tema el cual prefiero dejárselo a los conocedores, a los psicólogos y estudiosos de los estados de la mente, solo sé que lo que viví fue tan real que si no fuera por la falta de pruebas concretas, estaría al borde de mi propia cordura.

La casa estaba en buen estado, vieja y desatendida, mas en muy buen estado, pues hace mucho ya que había optado por salir de allí y hacer vida cerca de paramos más poblados; era grande, de dos pisos y un ático, por lo cual hacía notar su presencia, unas gradas en el frente recibían a los invitados justo ante la gran puerta principal. Recuerdo que llegué en auto, el cual deje al costado de la casa junto a un gran árbol que según se decía había sido sembrado para dar sombra en verano, mas ahora se encontraba, y desde que tengo memoria, deshojado, nunca un solo brote verde y para variar siempre se podía apreciar un gran cuervo negro en sus ramas, lo que en las oscuras noches de luna nueva daba un aire de tenebrosidad a las afueras del lugar.

Llegue tarde ese día pues el único camino hacia la vieja casa estaba obstruido, un puente había cedido ante el peso de los años y cayó al río y en ese momento se encontraban en los últimos arreglos para un paso provisional, tras una larga espera en que las señales de tormenta no dejaban de hacer presencia.

El regreso a la vieja casa no era necesario en cuestión, mas debía de realizar unos escritos y sabía que ese ambiente alejado me podría ayudar en cierta medida a tener alguna inspiración, como dije llegue tarde, ya oscurecía y era poca la claridad que quedaba, así que no me hice esperar y tomando mis maletas ingrese a mi antiguo hogar, recuerdo que mi habitación se encontraba en el segundo piso así que como por inercia subí y deje mi equipaje dentro del cuarto, a un costado de la puerta, y me dispuse a bajar para cerciorarme de que todo estuviera en orden, que podía hacer falta para mi estadía y que aún se conservaba en buen estado, así que realice una lista y me dispuse a cenar los alimentos que ya con anticipación traía para esa noche, bajo la luz de las velas y acompañado del viento que rugía esa noche cené, no había luz en la casa, obvio, pues después de tantos años de abandono lo mejor se pensó era quitar el servicio eléctrico. Sin tomar más precaución que cerrar las puertas con los cerrojos propias de estas y subir a mi habitación me dispuse a dormir, sabiendo ya lo que necesitaba adquirir la mañana siguiente en el pueblo que se encontraba a quince minutos en auto desde la casa.

La noche hizo corta la estadía de su oscuro velo y dio paso al amanecer, la verdad confieso que he sido de profundo dormir y extenso en cuanto a tiempo se refiere, más al parecer el estar tanto tiempo lejos de la vieja casa hizo que esta fuera en parte ajena a mí y me hiciera difícil el plácido y dulce descanso, así que me levanté, me dirigí a la cocina y me dispuse a desayunar; una taza de café caliente, negro, fuerte para empezar el día, no recuerdo bien con lo que lo acompañé. Al terminar recordé que no poseía nada de alimentos aparte de lo cenado y desayunado ya, así que me dirigí al auto y me en rumbé al pueblo, fueron 15 largos minutos de camino, aunque el paisaje fue grato, a la izquierda de la ruta se veía una gran y amplia llanura, interrumpida al fondo por pequeñas colinas cubiertas de arboles pero muy distantes, a mi derecha se levantaba imponente un espeso y a la vez un poco oscuro bosque, nada de que admirarse.

Al llegar al pueblo me encaminé a la venta de alimentos más cercana, no podía entretenerme demasiado pues las labores que me esperaban eran muchas y largas, y cada minuto para mi valía oro, así que dispuse de los víveres y retorné por el mismo camino, pues era el único por el que podía transitar con el vehículo, casi llegando a la vieja casa note un extraño olor en los bosques y unos murmullos, mas desde niño los escuchaba y me di a la idea como antes de que era el viento jugando entre las enramadas de la arboleda.

Tomé las compras del auto, entré a la casa y las dejé en la cocina, sobre la mesa, la verdad como no había electricidad tuve el cuidado de no comprar nada que necesitara refrigeración, parecía un estudiante universitario, con galletas, atún, arroz, pero bueno, la verdad quería concentrarme más en mi trabajo que en comer, así que fui a el cuarto de redacción, así le llamábamos a la habitación que mi padre utilizaba para leer y escribir sus crónicas, era editor en un periódico un tanto serio, si serio se le puede llamar a algún medio aquí, pues todos son en algún modo influenciados.

- ¿La vida después de los sueños?, no no, muy simple, ¿Inconsciencia latente?, no va con el texto- recuerdo que pase un poco de penas escribiendo el titulo, nunca me agradó enmarcar mis garabatos entre un nombre que a lo mucho daría a los demás una idea que sería más de lo que ellos quisieran pensar que mía. Estaba muy concentrado en ello.

-Jaazzzseeee, aaabbbdiiilll-
-¿el viento?, naaa, ha de ser una entrada de aire en alguna grieta de la madera del cuarto, como siempre.
-Jaazzzseeee, aaabbbdiiilll-
-¿uuuhh?, mmm... qué extraño, ¿será la ventana?- así que me levanté y mire que la ventana estaba entre abierta, así que la cerré -No recuerdo haberla abierto.... a lo mejor lo hice antes de ir al pueblo y no lo recuerdo-
Así que después de cerrar con tranca la ventana proseguí escribiendo, creo que el detalle me iluminó en parte pues intitulé el escrito como “La ventana entreabierta”, recuerdo que debía escribir algo basado en unos textos de Algernon Blackwood, no muy bien recuerdo cuales, siempre tuve memoria temporal en cuanto a trabajos se refería. Pasó así el día entre escritos y los descansos comunes para comer algo y preferí cerrar el ya casi ido día meditando en mi habitación.

Subí por las escaleras, y me pareció ver correr una sombra a mis espaldas, más asumí que era producto de la vela y continué con mi paso, entre al cuarto y junto a mi cama en la mesita de noche coloque la vela, y me dispuse a cambiarme para dormir, al poner mi humanidad sobre la cama, escuche el reloj de la sala sonar, dar las campanadas de la hora y eso si me erizo la piel, de pie por la impresión volví a mis cabales y tome la vela para bajar a apagar el reloj, este era de péndulo, antiguo, sonaba como campanario de iglesia y eso desde niño nunca me había gustado.
Bajé las escaleras, parecían bloques de hielo, helados, jamás los había sentido así, pero igual bajé, y ya en la sala desconecté el viejo reloj de péndulo, pero al ir bajando sentía como poco a poco ese frío subía por mis pies descalzos, sentía como se arrastraba, se adherían y con su frió se incrustaba en mis pies.
Me fui llenando de un terror inmenso al bajar las escaleras, quería correr mas no podía, sabía que sería inútil y hasta riesgoso en la oscuridad de la casa.

Al llegar al final de la escalera note la puerta de la casa abierta, un extraño escalofrío subió por mi cuerpo y me dejó atónito del miedo, quedé así un minuto, pensaba que si era un ladrón, -no creo la casa no tiene nada de valor, ¿sería un prófugo?, lo dudo la cárcel más próxima esta a días caminando y en la radio no escuché nada... ¿qué será?, ¿quién o qué habrá entrado en la casa?, me animo a revisar la casa?, ¿mejor huyo en el auto?-


Al final opté por revisar la casa, me dispuse a revisar primero la sala donde estaba el reloj, cerré la puerta antes de ir y me dispuse a ir a la sala con la vela en una mano y con un viejo paraguas como arma de defensa.
La sala estaba despejada, nada allí, seguí a la cocina y todo estaba en orden, incluso los víveres seguían de la misma manera que los deje, igual los demás cuartos del primer piso, maldición que sucedía allí, nadie arriba pues no escuche a nadie en el piso superior cuando baje, regrese a las escaleras y de nuevo la puerta abierta pero esta vez de par en par, Dios que ocurría, no escuché pasos y si alguien andaba allí tenía que oírlos, pues el piso viejo de madera rechinaba todo, ¿que será, Dios mío?, decía, y de nuevo sentía como por mis pies subía algo frío, que se adhería a mis pies, y clavaba como heladas púas hasta lo más profundo de mi cuerpo, salte de la impresión, ya no soportaba la situación cerré la puerta con seguro y la reforcé con una silla y subí las escaleras lo más veloz que pude y de nuevo escuché a mis espaldas:

-Jaazzzseeee, aaabbbdiiilll -
-! Jaazzzseeeeeee, aaabbbdiiiiiiilllllll! -
-Jaazzzseeeeeeeee, aaabbbdiiiiiliilllllll dajaaaakkk-
la voz empezó susurrante y la tercera vez que hablo lo hizo en tono fuerte, sentía explotar mis oídos, una voz fina entre niña y mujer que resonaba y resonaba a mis espaldas, sentía como miles de cuchillos a punto de traspasarme, a punto de ser rasgado hasta quedar hecho trisas.

Pude llegar a mi habitación, allí me quede en silencio y apague la vela, todo había quedado en completa quietud, en un estado de silencio total y oscuro, solo se distinguía lo que uno que otro rayo de luz de luna permitían ver. 

Desde mi habitación se podía apreciar el árbol que se encontraba cerca de la casa, allí sus ramas desnudas, macabras por la noche llamaban a mi imaginación a pensar las mas inusuales y disparatadas situaciones, asumiendo mas y mas el horror, cuando salido de la nada y mirando resplandecer sus ojos con el brillo de la luna un cuervo graznó fuertemente extendiendo sus alas y llevándome a un estado de terror inimaginable. Comencé a ver nublado, mis manos y pies no respondían y cada vez más me resultaba difícil ver, escuchaba el graznido del cuervo cada vez más lejano, como si este se hallara en un profundo poso hasta que llegue a un punto en que no vi, ni escuche nada mas...[...]"

Mauro Solís Hernández

06 octubre 2011

Letras Malditas

Aquí les comparto un pequeño texto que realicé como continuación de un microcuento de un conocido mio (Pablo Delgado) seguidor de Lovecraft, espero lo disfruten: 


Tras ella se escuchaba la creciente carcajada demoníaca del doctor, corría y corría sin encontrar fin a sus pasos; mas Susana cayó en un pasillo sin fin, un eterno escapar con el terror pegado a su piel y la imagen del espejo devorando su cordura. La criatura le asediaba, y aunque el cansancio golpeaba su ser no podía dejar de correr, la puerta de plata que se divisaba al frente le implantaba la idea en su corazón de que solo ahí podría ser libre solo ahí podría dejar todo atrás, pero mientras mas corría, mas la puerta se alejaba de ella, convirtiendo todo en una antecámara del terror.

-Pobre niña, esta muy perturbada- se escuchó una voz en el fondo del cuarto oscuro.

-Trate por hipnosis hacerla encontrar algo de cordura, mas fue en vano, el proceso hipnótico solo hizo crecer mas sus delirios, y el recuperar su mente creo que será un proceso muy difícil- dijo el doctor viendo la mirada perdida de Susana sentada en el sofá, inmóvil.

-Le advertí que no leyera ese libro, no todos pueden resistir el poder que oculta tras sus letras pero ella insistió, su amor incalculable por la esotería la trajo a este punto-

- ¿Y que libro leyó?- Dijo el doctor preocupado.

Sacando un libro de negro cuero, viejo, con grabados extraños se le leía en la cara superior el titulo "Necronomicón"

10 septiembre 2011

El último en Babel

Desperté, mirando el polvo cubrir todo, era la ira de un rayo, el pesar de una traición que rasgó los sueños de un alto habitar. De izquierda a derecha nada había ya, encerrado quede dentro de la torre, el camino al cielo se quebró. Centurias efímeras y eternas aquí corren y yo vago eterno, solo sin salida ni salvación.



05 marzo 2011

El hijo del Dragón (mini fragmento)

¡¡¡NOOOOO!!!- exclamé fuertemente llevando mi mano izquierda a mi cara

-¿Una pesadilla?, fue tan real –

Sentía arder la sangre de mis venas como si se convirtiera en lava, y de pronto todo el lugar se veía envuelto en fuego, solo un pequeño círculo en el cual me encontraba estaba libre de él. Y una sombra se movía por el fuego; aquí, allá, aparecía y desaparecía, para volver a dejarse ver en otro lugar, susurrando grotescamente, torturando mi cordura, y allí, desperté de golpe.



Regresaron a mi mente los momentos vividos en la vieja casa, volviendo a sentir en todo mi ser cada instante de desesperación.



-¡¡Paaaaz por favor!!... paz- dije llevando las manos a sostener mi cabeza a punto de estallar. Y en ese momento recordé la cruz sobre el cerro [...]

31 julio 2010

Arenas

Un tiempo alejado de este medio, ya extrañaba estar aquí, pues bien hoy les traigo lo que es mi segunda incursión en la narrativa, este texto tiene ya su tiempo y de hecho nació casi en paralelo con la que es mi primera incursión en narrativa, lo siguiente los inicios de la historia, espero sea de su agrado este pequeño tentempié


----------------------------ARENAS----------------------------

Se escucha rugiente la tormenta, la noche, mas clara que el día por los rayos que cortaban su falta de quietud, cada instante era una agonía, una daga atravesando desde la espalda la ultima fibra de la esencia de un ser, un cuerpo que jamas vería o se creería ver libre como la arena sobre el viento.


La noche es densa, aunque la luna brilla a momentos, no era suficiente como para poder iluminar una esperanza. A un lado se encontraba el gran río, el Bajok-darek, era tranquilo, tan sumiso como un ciervo, pero impredecible y espontáneo como la llama que alimenta el frío campamento del nómada; al otro lado la larga pradera de arena, el desierto y su oscuro semblante, siempre misterioso, siempre atrayente y aunque amable es a la vez mortífero.

Corría ya avanzado el tiempo, este que nada olvida y aunque tardío cobra con creces las acciones que en su reloj guarda para al final vernos presos de estas, el tiempo no era mi aliado, una rugiente tormenta se avecinaba y mis compañeros, el Bajok-darek y el desierto no eran buenos vecinos en situaciones como estas. Es curioso como un simple giro del reloj puede convertir el dorado de la sangre en un manto de avernos y fría desesperanza.

Mas siento sus pasos detrás de mi, no puedo detenerme, si lo hago caeré y lo poco que queda de destino en el cual soñar, será convertido en polvo, polvo para este desierto, mas no aunque cruenta, esta tormenta es mi salvación, tan fiera pero a la vez entre sus rayos se esconde una esperanza, el mantenerla a mis espaldas es la única salida, mi escape.

El Bajok-darek, que sutil me resultaban sus aguas, su tenue corriente, recuerdo en mi niñez y juventud mis fugas matutinas a las orillas de este río, allí conocí a muchas personas, pescadores, alfareros, comerciantes, en una margen especifica del río siempre se reunían las personas a llevar, desde la salida del sol hasta el ocaso, las labores con las cuales vivían, algunas de esas personas se dedicaban a escuchar las lineas de la vida, a descubrir y adivinar el destino que las arenas susurraban al viajar en el viento, mas quien me diría que las palabras de uno de esos adivinos serian tan acertadas, tan fatídicas. Recuerdo que se llamaba Farel, Farel-Sadir; según cuentan siempre se dedico a adivino, nunca escuche sobre si eran sus predicciones acertadas o no, pero desearía nunca haber conocido o escuchado sus palabras, era alto y delgado aunque su edad y por el golpe de la vida me acuerdo que siempre andaba encorvado, ocultando su altivez; era ciego, con los párpados siempre cerrados, al parecer una cicatriz de una quemadura en sus ojos le sellaron los párpados, dejando negra la piel de estos, su cabellera era mixta entre cabellos grises, blancos y negros, eran largos y desordenados, aunque siempre llevaba un turbante azul oscuro y rojo vino; en su rostro caía una barba igual de mixta que los cabellos. Al principio me resulto atemorizarte, pero poco a poco descubrí que era otro hilo mas en esta tela que es la vida, que vivía de sus predicciones y, no se por que razón, parecía que al mismo tiempo estas predicciones le hirieren acortando su vida.
El día que lo conocí, andaba en una de mis conocidas fugas matutinas de mi hogar, al correr por las margenes del río, me desvié entrando en el mercado y tropecé por accidente con él en una esquina, el día no se encontraba tan soleado como siempre, aunque el cielo estaba despejado con pocas nubes en realidad, el brillo del sol era triste, opaco, como la llama de una vela extinguiéndose, mas no le preste atención a esos detalles, nunca prestaba atención a lo que me rodeaba; me encontré con el, de golpe literalmente, en mi fuga choque con él, cayendo yo al suelo, al ver con quien en descuido impertinente me tropecé, quede asombrado de que figura tan delgada y aparentemente débil se haya mantenido en pie a pesar de lo fuerte del golpe, -no soy tan débil como luzco jovencito- me dijo expresándose como leyendo mis pensamientos, - Co..como supo lo que pensaba- le dije, asombrado del extraño anciano, -por que no es la primera vez que me pasa, ustedes niños, tan atolondrados y distraídos no prestan atención a sus propios pasos y por ello sabia que pensabas eso-
me extrañó desde un inicio su forma de hablar, tenían sus palabras un tono de tranquilidad, pero a la vez me resultaban cortante, no por lo que me decía, si no mas bien por su voz, que me resulto escalofriante, mas no se por que, pues resultaba ser una voz normal
-Levantate muchacho, que la vía no es para que te sientes a pensar, ja ja- en ese instante extendió su mano y me ayudo a incorporarme, y si era mas fuerte de lo que aparentaba, - gracias- le dije -y disculpe mi torpeza-, así me retiré, no sin sentir una extraña curiosidad por quien era ese anciano.

03 junio 2010

Lo que guardan los años

Aquí les dejo algo que hace un par de años vengo moldeando, algo que me ha traído muchos sueños y les quiero compartir un fragmento de lo que es mi incursión primera (mas no única aclaro) en los textos narrativos, espero que sea de su agrado y acepto humildemente las críticas constructivas que deseen hacerle


Parte II:

En lo lejano del pueblo se observa la luminosidad de una casa, dentro de ella se escuchan los murmullos y las frases, las dudas y el coraje debaten en una mente, en un corazón, el cómo, el cuándo, el porqué, el fuego de una acción puede congelar el alma.

- Adel ¿Qué tal te encuentras? – Colocando un vaso en la sencilla mesa de ébano, Fafnir preguntaba a Adel.

Fafnir era el mejor amigo de Adel, se conocieron en lo que se podría llamar tierras de la antigua Persia; él era un hombre hábil e inteligente, que al igual que Adel era perseguido por su pasado.
Fafnir provenía de un linaje de arenas y califas, de tiempos y reyes, pero un simple evento, una vuelta del reloj jugó con su destino y se vio convertido en cazador y cazado.
Su encuentro con Adel fue algo inusual, el escape era el objetivo en ambas mentes, ambos cazados por sus objetivos, por sus presas, lo único deseado, vivir un día mas para tratar de retomar su sueño, su meta, para tallar en el destino un que marcara el comienzo de su paz, de su nueva vida.
Se encontraron frente a frente con el viento como guía y el corazón en plena ira; sus ojos se cruzaron y a sus espaldas la sombra de un destino que los asediaba, la presa convertido en cazador. Se detuvieron en seco, Adel y Fafnir se miraron y descubrieron la misma línea que guiaba sus pasos por el río de la vida, miraron como sus caminos se cerraron por demonios desconocidos, por males ajenos, y la lucha comenzó, y al verse incapaces de enfrentar sus propios males, acometieron contra los demonios frente a ellos, contra lo desconocido.

Al cabo de algunos minutos la batalla cesó, las sombras que eclipsaban la vida se disiparon, un día mas de vida fue ganado, y con él un amigo y compañero.

- Creo que por hoy podremos dormir- dijo Fafnir comprendiendo de cierto modo la similitud en el destino de su alma y la de su nuevo camarada.

- Si, una noche más de vida, una noche más de dormir en vela y de velar soñando- Respondió Adel.

- Mi nombre, forastero, es Fafnir, Fafnir Al-djafar, fui en mi pasado glorioso, de linaje
real, mas hoy como vistes, soy asediado por sombras y demonios.

- Adel Hel Balmont, soy descendiente del hijo de la noche, provengo de un lejano lugar en
escape de mi presa que al igual que tú me obliga a tratar y luchar por vivir un día mas.

- Perdona mi intromisión, pero, ¿Que o quien era esa creatura que te asediaba?- Con gran
respeto a su interlocutor, Fafnir con asombro y extenuado por la pasada lucha preguntó.

Un gran silencio fue cubriendo el lugar, como niebla y cenizas apoderándose de la costa. Un gran lapso de tiempo pasó, como si la mente de Adel se encontrará ausente, como si su alma batallara lejos en el horizonte de su conciencia, y un aura negra, negra cual abismo inconcluso cubría su ser.


- Era Génesis, una valkiria criada por Fenrir y bajo el mando de Los Caballeros del Sello.- con voz tenue como si su ser despertara, respondió Adel. - ¿Y a ti?-

- Bajak-Dra, un guardián de la línea de las arenas, mas creo que no será necesario increpar en detalles, lo mejor, a mi opinión, será partir pues pronto se pondrá el sol en la lejanía y la noche no es buen resguardo para nuestra vida, si me lo permites te ofrezco un lugar donde resguardarte y así si es de tu agrado me podrás narrar lo que el rio de la vida te a traído y te ha quitado, lo que en la barca del tiempo te ha ocurrido y lo que te a traído a aquí.-

Adel asintió con la cabeza, su pensamiento aun se encontraba ausente, perdido en la bruma. Al cabo de un rato, y después de una confusa caminata se encontraron ya refugiados, en una vieja casa, con escrituras y dibujos antiguos. Ambos tomaron asiento y descansaron de su trayecto y de su persecución.

- Cuéntame Adel ¿qué te trajo por aquí?

Después de un corto silencio, Adel bebió de una copa que al igual que su espíritu se agotaba poco a poco.

- Para poder explicarte debo contarte mi historia.
-Perdona, parece que ya se aproxima el amanecer, descansemos por ahora y así podrás contarme luego con lujo de detalles toda tu historia.


Así los dos tomaron lugar y dieron paso a la reina sueño de cobijar sus seres, abandonando por un instante sus emociones, su corazón.

26 octubre 2009

El ser bajo la luz de la luna

Morgan no es hombre de letras; de hecho, su inglés carece del más mínimo grado de coherencia. Por eso me tienen maravillado las palabras que escribió, aunque otros se han reído.

Estaba sólo la noche en que ocurrió. De repente lo acometieron unos deseos incontenibles de escribir, y tomando la pluma redactó lo siguiente:

«Me llamo Howard Phillips. Vivo en la Calle College, 66, Providence, Rhode Island. El 24 de noviembre de 1927 -no sé siquiera en qué año estamos- me quedé dormido y tuve un sueño; y desde entonces me ha sido imposible despertar.

»Mi sueño empezó en un paraje húmedo, pantanoso y cubierto de cañas, bajo un cielo gris y otoñal, con un abrupto acantilado de roca cubierta de líquenes, al norte. Impulsado por una vaga curiosidad, subí por una grieta o hendidura de dicho precipicio, observando entonces que a uno y otro lado de las paredes se abrían las negras bocas de numerosas madrigueras que se adentraban en las profundidades de la meseta rocosa.

»En varios lugares, el paso estaba techado por el estrechamiento de la parte superior de la angosta fisura; en dichos lugares, la oscuridad era extraordinaria, y no se distinguían las madrigueras que pudiese haber allí. En uno de esos tramos oscuros me asaltó un miedo tremendo, como si una emanación incorpórea y sutil de los abismos tomara posesión de mi espíritu; pero la negrura era demasiado densa para descubrir la fuente de mi alarma.

»Por último, salí a una meseta cubierta de roca musgosa y escasa tierra, iluminada por una débil luna que había reemplazado al agonizante orbe del día. Miré a mi alrededor y no vi a ningún ser viviente; sin embargo, percibí una agitación extraña muy por debajo de mí, entre los juncos susurrantes de la ciénaga pestilente que hacía poco había abandonado.

»Después de caminar un trecho, me topé con unas vías herrumbrosas de tranvía, y con postes carcomidos que aún sostenían el cable fláccido y combado del trole. Siguiendo por estas vías, llegué en seguida a un coche amarillo que ostentaba el número 1852, con fuelle de acoplamiento, del tipo de doble vagón, en boga entre 1900 y 1910. Estaba vacío, aunque evidentemente a punto de arrancar; tenía el trole pegado al cable y el freno de aire resoplaba de cuando en cuando bajo el piso del vagón. Me subí a él, y miré en vano a mi alrededor tratando de descubrir un interruptor de la luz..., entonces noté la ausencia de la palanca de mando, lo que indicaba que no estaba el conductor. Me senté en uno de los asientos transversales. A continuación oí crujir la yerba escasa por el lado de la izquierda, y vi las siluetas oscuras de dos hombres que se recortaban a la luz de la luna. Llevaban las gorras reglamentarias de la compañía, y comprendí que eran el cobrador y el conductor. Entonces, uno de ellos olfateó el aire aspirando con fuerza, y levantó el rostro para aullar a la luna. El otro se echó a cuatro patas dispuesto a correr hacia el coche.

»Me levanté de un salto, salí frenéticamente del coche y corrí leguas y leguas por la meseta, hasta que el cansancio me obligó a detenerme... Huí, no porque el cobrador se echara a cuatro patas, sino porque el rostro del conductor era un mero cono blanco que se estrechaba formando un tentáculo rojo como la sangre.

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»Me di cuenta de que había sido sólo un sueño; sin embargo, no por ello me resultó agradable.

»Desde esa noche espantosa lo único que pido es despertar..., ¡pero aún no ha podido ser!

»¡Al contrario, he descubierto que soy un habitante de este terrible mundo onírico! Aquella primera noche dejó paso al amanecer, y vagué sin rumbo por las solitarias tierras pantanosas. Cuando llegó la noche aún seguía vagando, esperando despertar. Pero de repente aparté la maleza y vi ante mí el viejo tranvía... ¡A su lado había un ser de rostro cónico que alzaba la cabeza y aullaba extrañamente a la luz de la luna!

»Todos los días sucede lo mismo. La noche me coge como siempre en ese lugar de horror. He intentado no moverme cuando sale la luna, pero debo caminar en mis sueños, porque despierto con el ser aterrador aullando ante mí a la pálida luna; entonces doy media vuelta, y echo a correr desenfrenadamente.

»¡Dios mío! ¿Cuándo despertaré?»

Eso es lo que Morgan escribió. Quisiera ir al 66 de la Calle College de Providence; pero tengo miedo de lo que pueda encontrar allí.

FIN

H.P Lovecraft