31 octubre 2010

Aquí les dejo algo hecho bajo las premuras del día, es muy simple, solo espero lo disfruten:


Nace del silente frío,
de la noche el oscuro y eterno abismo,
donde los ecos surgen no nacidos,
como el latir del cosmos ínfimo.

Terrores auguran la noche,
naciente de las letras,
la tinta hambrienta,
que se desborda en derroche.

Muchos los pensamientos
que vuelan inciertos,
muchos los versos
que en la mente se desean mantener presos

15 octubre 2010

Faust XXI. Redención

Regrese por estos rumbos, he estado extremadamente ocupado pero jamás se abandona este mundo de tinta.

Aquí les dejo lo que es el poema final de mi mini-poemario "Faust", como su nombre lo evidencia se basa en la historia de Fausto, pero con mi toque personal y con un final diferente al de Goethe:



Faust XXI. Redención

F: Mis últimos alientos,
Mi alma se pierde,
Ambición inocente
Que destruyó… los sueños hambrientos.

M: Inocente Juventud
Vivir sin conciencia deseaste,
Ven a mi alma en este instante,
Las llamas hoy serán tu ataúd.

F: Mi alma suya es,
¡Oh como deseo,
Un instante volverla a ver!,
Siempre fue la imagen de mi cielo,
Sus ojos el paraíso que nunca veré.

Voz de lo alto:
Por pasión caíste
Y en amor en amor lo convertiste
En tu alma la lucha distes
Y es ahora la única luz que existe

Tu alma será inmortal,
Vagaras eternamente
En este mundo frágilmente
Buscando redención sin final.
Ella será tu juez
Desde lo alto te observará
Hasta el día que ganes paz.

31 julio 2010

Arenas

Un tiempo alejado de este medio, ya extrañaba estar aquí, pues bien hoy les traigo lo que es mi segunda incursión en la narrativa, este texto tiene ya su tiempo y de hecho nació casi en paralelo con la que es mi primera incursión en narrativa, lo siguiente los inicios de la historia, espero sea de su agrado este pequeño tentempié


----------------------------ARENAS----------------------------

Se escucha rugiente la tormenta, la noche, mas clara que el día por los rayos que cortaban su falta de quietud, cada instante era una agonía, una daga atravesando desde la espalda la ultima fibra de la esencia de un ser, un cuerpo que jamas vería o se creería ver libre como la arena sobre el viento.


La noche es densa, aunque la luna brilla a momentos, no era suficiente como para poder iluminar una esperanza. A un lado se encontraba el gran río, el Bajok-darek, era tranquilo, tan sumiso como un ciervo, pero impredecible y espontáneo como la llama que alimenta el frío campamento del nómada; al otro lado la larga pradera de arena, el desierto y su oscuro semblante, siempre misterioso, siempre atrayente y aunque amable es a la vez mortífero.

Corría ya avanzado el tiempo, este que nada olvida y aunque tardío cobra con creces las acciones que en su reloj guarda para al final vernos presos de estas, el tiempo no era mi aliado, una rugiente tormenta se avecinaba y mis compañeros, el Bajok-darek y el desierto no eran buenos vecinos en situaciones como estas. Es curioso como un simple giro del reloj puede convertir el dorado de la sangre en un manto de avernos y fría desesperanza.

Mas siento sus pasos detrás de mi, no puedo detenerme, si lo hago caeré y lo poco que queda de destino en el cual soñar, será convertido en polvo, polvo para este desierto, mas no aunque cruenta, esta tormenta es mi salvación, tan fiera pero a la vez entre sus rayos se esconde una esperanza, el mantenerla a mis espaldas es la única salida, mi escape.

El Bajok-darek, que sutil me resultaban sus aguas, su tenue corriente, recuerdo en mi niñez y juventud mis fugas matutinas a las orillas de este río, allí conocí a muchas personas, pescadores, alfareros, comerciantes, en una margen especifica del río siempre se reunían las personas a llevar, desde la salida del sol hasta el ocaso, las labores con las cuales vivían, algunas de esas personas se dedicaban a escuchar las lineas de la vida, a descubrir y adivinar el destino que las arenas susurraban al viajar en el viento, mas quien me diría que las palabras de uno de esos adivinos serian tan acertadas, tan fatídicas. Recuerdo que se llamaba Farel, Farel-Sadir; según cuentan siempre se dedico a adivino, nunca escuche sobre si eran sus predicciones acertadas o no, pero desearía nunca haber conocido o escuchado sus palabras, era alto y delgado aunque su edad y por el golpe de la vida me acuerdo que siempre andaba encorvado, ocultando su altivez; era ciego, con los párpados siempre cerrados, al parecer una cicatriz de una quemadura en sus ojos le sellaron los párpados, dejando negra la piel de estos, su cabellera era mixta entre cabellos grises, blancos y negros, eran largos y desordenados, aunque siempre llevaba un turbante azul oscuro y rojo vino; en su rostro caía una barba igual de mixta que los cabellos. Al principio me resulto atemorizarte, pero poco a poco descubrí que era otro hilo mas en esta tela que es la vida, que vivía de sus predicciones y, no se por que razón, parecía que al mismo tiempo estas predicciones le hirieren acortando su vida.
El día que lo conocí, andaba en una de mis conocidas fugas matutinas de mi hogar, al correr por las margenes del río, me desvié entrando en el mercado y tropecé por accidente con él en una esquina, el día no se encontraba tan soleado como siempre, aunque el cielo estaba despejado con pocas nubes en realidad, el brillo del sol era triste, opaco, como la llama de una vela extinguiéndose, mas no le preste atención a esos detalles, nunca prestaba atención a lo que me rodeaba; me encontré con el, de golpe literalmente, en mi fuga choque con él, cayendo yo al suelo, al ver con quien en descuido impertinente me tropecé, quede asombrado de que figura tan delgada y aparentemente débil se haya mantenido en pie a pesar de lo fuerte del golpe, -no soy tan débil como luzco jovencito- me dijo expresándose como leyendo mis pensamientos, - Co..como supo lo que pensaba- le dije, asombrado del extraño anciano, -por que no es la primera vez que me pasa, ustedes niños, tan atolondrados y distraídos no prestan atención a sus propios pasos y por ello sabia que pensabas eso-
me extrañó desde un inicio su forma de hablar, tenían sus palabras un tono de tranquilidad, pero a la vez me resultaban cortante, no por lo que me decía, si no mas bien por su voz, que me resulto escalofriante, mas no se por que, pues resultaba ser una voz normal
-Levantate muchacho, que la vía no es para que te sientes a pensar, ja ja- en ese instante extendió su mano y me ayudo a incorporarme, y si era mas fuerte de lo que aparentaba, - gracias- le dije -y disculpe mi torpeza-, así me retiré, no sin sentir una extraña curiosidad por quien era ese anciano.

03 junio 2010

Lo que guardan los años

Aquí les dejo algo que hace un par de años vengo moldeando, algo que me ha traído muchos sueños y les quiero compartir un fragmento de lo que es mi incursión primera (mas no única aclaro) en los textos narrativos, espero que sea de su agrado y acepto humildemente las críticas constructivas que deseen hacerle


Parte II:

En lo lejano del pueblo se observa la luminosidad de una casa, dentro de ella se escuchan los murmullos y las frases, las dudas y el coraje debaten en una mente, en un corazón, el cómo, el cuándo, el porqué, el fuego de una acción puede congelar el alma.

- Adel ¿Qué tal te encuentras? – Colocando un vaso en la sencilla mesa de ébano, Fafnir preguntaba a Adel.

Fafnir era el mejor amigo de Adel, se conocieron en lo que se podría llamar tierras de la antigua Persia; él era un hombre hábil e inteligente, que al igual que Adel era perseguido por su pasado.
Fafnir provenía de un linaje de arenas y califas, de tiempos y reyes, pero un simple evento, una vuelta del reloj jugó con su destino y se vio convertido en cazador y cazado.
Su encuentro con Adel fue algo inusual, el escape era el objetivo en ambas mentes, ambos cazados por sus objetivos, por sus presas, lo único deseado, vivir un día mas para tratar de retomar su sueño, su meta, para tallar en el destino un que marcara el comienzo de su paz, de su nueva vida.
Se encontraron frente a frente con el viento como guía y el corazón en plena ira; sus ojos se cruzaron y a sus espaldas la sombra de un destino que los asediaba, la presa convertido en cazador. Se detuvieron en seco, Adel y Fafnir se miraron y descubrieron la misma línea que guiaba sus pasos por el río de la vida, miraron como sus caminos se cerraron por demonios desconocidos, por males ajenos, y la lucha comenzó, y al verse incapaces de enfrentar sus propios males, acometieron contra los demonios frente a ellos, contra lo desconocido.

Al cabo de algunos minutos la batalla cesó, las sombras que eclipsaban la vida se disiparon, un día mas de vida fue ganado, y con él un amigo y compañero.

- Creo que por hoy podremos dormir- dijo Fafnir comprendiendo de cierto modo la similitud en el destino de su alma y la de su nuevo camarada.

- Si, una noche más de vida, una noche más de dormir en vela y de velar soñando- Respondió Adel.

- Mi nombre, forastero, es Fafnir, Fafnir Al-djafar, fui en mi pasado glorioso, de linaje
real, mas hoy como vistes, soy asediado por sombras y demonios.

- Adel Hel Balmont, soy descendiente del hijo de la noche, provengo de un lejano lugar en
escape de mi presa que al igual que tú me obliga a tratar y luchar por vivir un día mas.

- Perdona mi intromisión, pero, ¿Que o quien era esa creatura que te asediaba?- Con gran
respeto a su interlocutor, Fafnir con asombro y extenuado por la pasada lucha preguntó.

Un gran silencio fue cubriendo el lugar, como niebla y cenizas apoderándose de la costa. Un gran lapso de tiempo pasó, como si la mente de Adel se encontrará ausente, como si su alma batallara lejos en el horizonte de su conciencia, y un aura negra, negra cual abismo inconcluso cubría su ser.


- Era Génesis, una valkiria criada por Fenrir y bajo el mando de Los Caballeros del Sello.- con voz tenue como si su ser despertara, respondió Adel. - ¿Y a ti?-

- Bajak-Dra, un guardián de la línea de las arenas, mas creo que no será necesario increpar en detalles, lo mejor, a mi opinión, será partir pues pronto se pondrá el sol en la lejanía y la noche no es buen resguardo para nuestra vida, si me lo permites te ofrezco un lugar donde resguardarte y así si es de tu agrado me podrás narrar lo que el rio de la vida te a traído y te ha quitado, lo que en la barca del tiempo te ha ocurrido y lo que te a traído a aquí.-

Adel asintió con la cabeza, su pensamiento aun se encontraba ausente, perdido en la bruma. Al cabo de un rato, y después de una confusa caminata se encontraron ya refugiados, en una vieja casa, con escrituras y dibujos antiguos. Ambos tomaron asiento y descansaron de su trayecto y de su persecución.

- Cuéntame Adel ¿qué te trajo por aquí?

Después de un corto silencio, Adel bebió de una copa que al igual que su espíritu se agotaba poco a poco.

- Para poder explicarte debo contarte mi historia.
-Perdona, parece que ya se aproxima el amanecer, descansemos por ahora y así podrás contarme luego con lujo de detalles toda tu historia.


Así los dos tomaron lugar y dieron paso a la reina sueño de cobijar sus seres, abandonando por un instante sus emociones, su corazón.

20 mayo 2010

Beethoven's Last Night

Aquí les traigo otra recomendación espero la disfruten tanto como yo



En una noche de finales de la primavera de 1827 la ciudad de Viena está experimentando la tormenta eléctrica más grande en su larga historia. Dentro de una sala de grandes desaliñado, Ludwig von Beethoven se desplomó sobre su piano y sobre el piano se encuentra el manuscrito acabado de completar de su Décima Sinfonía. Es su final, y es cierto, su obra más importante.

Trans Siberian Orchestra Común mente abreviado TSO Es una una orquesta de Metal fundada por Paul O'Neill, Robert Kinkel y Jon Oliva en 1996. El estilo musical de la agrupación incorpora metal sinfónico, rock progresivo y heavy metal, con influencias de la música clásica. Trans-Siberian Orchestra es bien conocido por sus versiones de canciones de Navidad.

-Desde las sombras un espíritu bello, el destino y su hijo enano y deforme, Twist, salen a informar a Beethoven, que esta va a ser su última noche en la tierra. Están acompañados por numerosos espíritus y fantasmas de su pasado, Beethoven encuentra sus balbuceos insoportable.-

TSO es un mundo diferente y músical aquellos que gustan de la música clasica quizás encuentren algo muy hermoso en TSO, o pueden encontrar a su vez algo blasfemico contra lo que a música clasica se refiere, la composicion es fiel pero siempre agregando un toque persona, es por lo que TSO se da a conocer, manipular aquella música clásica agregando un poco del trabajo propio, como toda orquesta hay un gran numero de voces detras de un gran trabajo sin ignorar a cada uno de los músicos y compositores, cada disco es una fiel obra de arte hoy les muestro el que para mi es una bella composición.

La ultima noche de Beethoven es una gran historia compuesta con la música de este gran maestro, pero usando tambien material original de TSO haciendo una gran mezcla. La música se apega a cierto libro más que nada por la letra y es una valida historia con otra perspectiva sobre Beethoven.

Beethoven implora a los espíritus que lo dejen solo, pero Twist le dice que como sombras, sólo existen por la luz que la vida de Beethoven ha emitido y como la luz se desvanece. Con cada sentelleo sucesivo de los rayos los espíritus se acercan.


A medida que el reloj da la medianoche la conversación se interrumpe bruscamente por la aparición de Mefistófeles.

Mefistófeles informa Beethoven que él ha venido a recoger su alma. Frente a la condenación eterna, clama aterrorizado de que no puede ser su tiempo, que aún tiene que completar su Décima Sinfonía. Mefistófeles analiza el manuscrito y luego con generosidad al parecer inusual, ofrece darle todo el tiempo adicional que necesita, pero sólo si él le dice qué partes tiene planeado agregar o cambiar. Beethoven se ve obligado a admitir que no iba a cambiar una sola nota. El diablo asiente con la cabeza, pensativo y le hace al compositor otra oferta, si entrega toda su música, permitiendole a Mefistófeles borrarla de la memoria de los hombres, él le regresará su alma. Beethoven se siente abrumado por la situación. Ante el temor de una eternidad de condena y tormento, está desesperado por recuperar su alma, pero la idea de perder su música, obra de su vida, le hace dudar.

¿Quien esta dispuesto a perder por lo que ha trabajado?

13 mayo 2010

Karma

¿Verdad o ilusión?
Sueños de antaño y devoción
De la gloria solamente…
Cenizas quedan hoy

¿Su karma alguien cambiaría?
Mi reino, riquezas, todo daría.
Hoy el fuego de mi alma quema
De la sabiduría todo rastro que queda.

Y ante mí hoy todo pecado
Regresa a cobrar lo pactado.
Vuelve toda acción,
Siete veces, a su base, mayor.

¿Su karma alguien cambiaria?
Oro, fama y mi gloria daría.
Sacrificio ritual para encontrar verdad,
Para, de mis pecados, ser libre en la eternidad.

25 abril 2010

Luces Antiguas

Pues bien aquí les traigo este relato del escritor Algernon Henry Blackwood. Fue un gran escritor inglés de relatos fantásticos. Publicó unas diez antologías de cuentos, y escribió varias novelas entre los cuales se caracterizaba sus relatos de terror.


Luces Antiguas.
Ancient Lights; Algernon Blackwood (1869-1951)

Desde Southwater, donde se detuvo del tren, el camino corría recto hacia poniente. Eso lo sabía, confiaba en la suerte, ya que era uno de esos vagabundos impenitentes que odian preguntar. Tenía ese instinto, y habitualmente le funcionaba bastante bien. -Una milla o poco más en dirección oeste por el camino arenoso, hasta llegar a un paso de cerca a la derecha; desde ahí cruza a campo traviesa. Verá el edificio rojo justo delante de usted- Echó una mirada, otra vez, a las instrucciones de la postal, y nuevamente trató de descifrar la frase borrada. En vano. Había sido tachada con tanta precaución que no quedaba una sola palabra legible. Las frases tachadas en una carta son siempre fascinantes. Se preguntó qué sería lo que había tenido que borrar con tanto cuidado.

La tarde era tormentosa, con un viento que aullaba desde el mar, barriendo los bosques de Sussex. Unas nubes espesas, redondas y pesadas, chocaban en los espacios abiertos del cielo azul. A lo lejos, la línea de montes recorría el horizonte como una ola inminente. Chanctonbury Ring parecía surcar su cresta como un barco veloz con el casco inclinado por el viento. Se quitó el sombrero y avivó el paso, aspirando el aire con placer y satisfacción. El camino estaba desierto: no se veían bicicletas, automóviles, o caballos; ni siquiera un carro de mercancías o un simple caminante. De todos modos, no habría preguntado el camino. Con la mirada atenta a la aparición del paso, caminaba pesadamente, mientras el viento sacudía la capa contra su rostro y rizaba los charcos azules del camino amarillento. Los árboles mostraban el pálido revés de sus hojas. Los helechos, la hierba nueva y alta, se inclinaban en una sola dirección. El día estaba lleno de vida, y había animación y movimiento en todas partes. Y para un agrimensor de Croydon recién llegado de su oficina, esto era como unas vacaciones en el mar.

Era un día de aventuras, y su corazón se elevaba para unirse a la Naturaleza. Su paraguas con aro de plata debía haber sido una espada; y sus zapatos, botas altas con espuelas en los talones. ¿Dónde se ocultaba el Castillo encantado y la Princesa de cabellos dorados como el sol? Su caballo...

De repente apareció el paso, y se frustró la aventura imaginaria. Volvió a aprisionarle su ropa. Era agrimensor, maduro, con un sueldo de tres libras a la semana, y venía de Croydon a estudiar los cambios que un cliente pensaba hacer en un bosque. Algo que proporcionase una mejor vista desde la ventana de su comedor. Al otro lado del campo, a una milla de distancia quizá, vio centellear al sol el rojo edificio, y mientras descansaba un momento en el paso, se puso a observar un bosque de robles y abedules a su derecha. ¡Ajá! -se dijo- así que ésta debe de ser la arboleda que quiere talar para mejorar la perspectiva. Veamos.- Había una valla, desde luego; pero tenía también un sendero tentador. -No soy un intruso –se dijo-: esto forma parte de mi trabajo.- Saltó dificultosamente por encima del alambre y se internó entre los árboles. Una pequeña vuelta le llevaría al campo otra vez.

Pero en el instante en que cruzó los primeros árboles el viento dejó de aullar y una quietud cayó sobre el mundo. Tan densa era la vegetación que el sol penetraba como manchas aisladas. El aire era pesado. Se secó la frente y se puso su sombrero de fieltro verde; pero una rama baja se lo volvió a quitar de un golpe. Al inclinarse, se enderezó una rama que había doblado y le dio en el rostro. Había flores en ambos lados del sendero; los helechos se curvaban en los rincones húmedos, y era dulce y rico el aroma a tierra y follaje. Hacía fresco allí. -Qué bosque más encantador-, pensó, bajando hacia un pequeño claro donde el sol aleteaba como una multitud de mariposas plateadas. ¡Cómo danzaba y palpitaba y revoloteaba! Se puso una flor azul oscuro en el ojal. Nuevamente, al incorporarse, el sombrero voló con el golpe una rama de roble. Esta vez no se lo volvió a poner. Balanceando el paraguas, siguió su camino con la cabeza descubierta, silbando alégremente. Pero el espesor de los árboles animaba poco a silbar; y parecieron enfriarse algo su alegría y su ánimo. De repente, se dio cuenta de que caminaba con cautela. La quietud del bosque era de lo más singular.

Hubo un susurro entre los helechos; algo saltó súbitamente al sendero, a unas diez yardas de él, se detuvo un instante, alzando la cabeza, y luego se zambulló otra vez en la maleza a la velocidad de una sombra. Se sobresaltó como un niño miedoso, y un segundo después se rió de que un mero faisán le hubiese asustado. Oyó un traqueteo de ruedas a lo lejos, en el camino; y, sin saber por qué, le resultó grato ese ruido. -El carro del viejo carnicero-, se dijo. Entonces notó que iba en dirección equivocada y que, no sabía cómo, había dado media vuelta. Porque el camino debía quedar detrás de él, no delante.

Se introdujo apresuradamente por otro estrecho claro que se perdía en el verdor. -Esta es la dirección, por supuesto -se dijo-; me han debido de distraer los árboles- y de repente descubrió que estaba junto al alambre que había saltado para ingresar. Había caminado en círculos. La sorpresa, aquí, se convirtió en desconcierto: vio a un hombre vestido de verde pardo, apoyado en la valla, dándose pequeños azotes en la pierna con una fusta. -Voy a casa del señor Lumley -explicó el caminante-. Este es su bosque, creo-, calló de repente; porque allí no había hombre alguno, sino que era un mero efecto de luz y sombra en el follaje. Retrocedió para reconstruir la ilusión, pero el viento agitaba demasiado las ramas, en el linde del bosque, y el follaje se negó a repetir la imagen. Las hojas susurraron de un modo extraño. En ese preciso momento se ocultó el sol, haciendo que el bosque adquiera un aspecto diferente. Y entonces se puso de manifiesto con cuánta facilidad puede sufrir engañarse la mente; porque le pareció que el hombre le contestaba, le hablaba -¿o fue sólo el rumor de las ramas?-; y que señalaba con la fusta un letrero clavado en el árbol más cercano. Aún le sonaban en el cerebro sus palabras; aunque, por supuesto, todo eran figuraciones suyas: -No, este bosque no es suyo. Es nuestro- Y además, algún gracioso del pueblo había cambiado el texto de la deteriorada tabla; porque ahora ponía con toda claridad: -Prohibido el paso-.

Y mientras el asombrado agrimensor leía el letrero, y dejaba escapar una risita, se dijo, pensando en la historia que iba a contar más tarde a su mujer y sus hijos: -Este condenado bosque ha intentado echarme. Pero voy a entrar otra vez. En realidad, ocupa un acre como máximo. No tengo más remedio que salir a campo abierto por el lado opuesto si sigo en línea recta-. Recordó su posición en la oficina. Tenía cierta dignidad que conservar.

La nube se apartó y la luz del sol salpicó toda clase de lugares insospechados. Seguía caminando en línea recta. Sentía una especie de turbación: esta forma en que los árboles cambiaban las luces en sombras le confundía evidentemente la vista. Para su alivio, surgió al fin un nuevo claro entre los árboles, revelándole el campo, y divisó el edificio rojo a lo lejos. Pero tenía que saltar primero un pequeño portón que había en el camino; y al trepar trabajosamente -dado que no quiso abirse-, tuvo la asombrosa sensación de que, debido a su peso, se desplazaba lateralmente en dirección al bosque. Era horrible. Hizo un esfuerzo ímprobo para saltar, antes de que le internase en los árboles; pero se le enredó un pie entre los barrotes y el paraguas, con tal fortuna que cayó al otro lado con los brazos abiertos, en medio de la maleza y las ortigas, y los zapatos trabados entre los dos primeros palos. Se quedó un momento en la postura de un crucificado boca abajo, y mientras forcejeaba para desembarazarse -los pies, los barrotes y el paraguas formaban una verdadera maraña-, vio pasar por el bosque, a toda prisa, al hombre de verde pardo. Iba riendo. Cruzó el claro, a unas cincuenta yardas de él; esta vez no estaba solo. A su lado iba un compañero igual que él. El agrimensor, nuevamente de pie, les vio desaparecer en la penumbra verdosa. -Son vagabundos-, se dijo, mortificado, furioso. Pero el corazón le latía terriblemente, y no se atrevió a expresar todo lo que pensaba.

Examinó el portón, convencido de que tenía algún truco; a continuación volvió a encaramarse a ella a toda prisa, sumamente desasosegado al ver que el claro ya no se abría hacia el campo, sino que torcía a la derecha. ¿Qué demonios ocurría? No andaba tan mal de la vista. De nuevo asomó el sol con todo su esplendor, y sembró el suelo del bosque de charcos plateados; y en ese mismo instante cruzó aullando una furiosa ráfaga de viento. Empezaron a caer gotas en todas partes, sobre las hojas, produciendo un golpeteo como de multitud de pisadas. El bosque entero se estremeció y comenzó a agitarse.

-¡Válgame Dios, ahora llueve!-, pensó el agrimensor; y al echar mano del paraguas, descubrió que lo había perdido. Volvió al portón y vio que se había caído al otro lado. Para su asombro, descubrió el campo al otro extremo del claro, y también la casa roja, iluminada por el sol del ocaso. Se echó a reír, entonces; porque, naturalmente, en su forcejeo con los barrotes se había dado la vuelta, había caído hacia atrás y no hacia adelante. Saltó el portón, con toda facilidad esta vez, y desanduvo sus pasos. Descubrió que el paraguas había perdido su aro de plata. Seguramente se le había enganchado en un pie, un clavo o lo que fuera, y lo había arrancado. El agrimensor echó a correr: estaba tremendamente nervioso.

Pero mientras corría, el bosque entero corría con él, en torno a él, de un lado para otro, desplazándose los árboles, plegando y desplegando las hojas, agitando sus troncos adelante y atrás, descubriendo espacios vacíos con sus ramas enormes, y volviéndolos a ocultar antes de que él pudiese verlos con claridad. Había ruido de pasos, y risas, y voces que gritaban, y una multitud de figuras congregadas a su espalda. El bosque hervía de movimiento y de vida. Naturalmente, era el viento, que producía en sus oídos el efecto de voces y risas, en tanto el sol y las nubes, al sumir el bosque alternativamente en sombras y en cegadora luz, generaban figuras. Pero no le gustaba, y corrió todo lo veloz que sus vigorosas piernas le permitieron. Estaba asustado. Ya no le parecía un percance para contarlo a su mujer y sus hijos. Corría como el viento. Sin embargo, sus pies no hacían ruido en la hierba blanda y musgosa.

Entonces, para su horror, vio que el claro se iba estrechando, que lo invadían la maleza y las ortigas, reduciéndolo a un sendero minúsculo, desapareciendo entre los árboles. Lo que no había logrado el portón, lo había conseguido este complicado claro: introducirle en la espesa muchedumbre de árboles.

Sólo cabía hacer una cosa: regresar, correr con todas sus fuerzas hacia la vida que venía a su espalda, que le seguía tan de cerca que casi le tocaba y le empujaba. Y eso fue lo que hizo con atropellada valentía. Parecía una temeridad. Se volvió con una especie de salto violento, la cabeza baja, los hombros sacados y las manos extendidas delante de la cara. Se lanzó: embistió como un ser acosado en dirección opuesta, por lo que ahora el viento le dio de cara.

¡Dios mio! El claro que había dejado atrás se había cerrado también: no había sendero alguno. Se dio la vuelta como un animal acorralado, buscó con los ojos un modo de escapar; buscó frenético, jadeante, aterrado. Pero el follaje le envolvía, las ramas le obstruían el paso; los árboles estaban inmóviles y juntos: no los agitaba el más leve soplo de aire; y el sol, en ese instante, se ocultó tras una gran nube negra. El bosque entero se volvió oscuro y silencioso. Le observó.

Quizá fue este efecto de súbita negrura lo que le impulsó a actuar de manera insensata, como si hubiese perdido el juicio. El caso es que, sin detenerse a pensar, se lanzó otra vez hacia los árboles. Tuvo la impresión de que le rodeaban y le sujetaban de manera asfixiante, y pensó que debía escapar a toda costa. Escapar, huir a la libertad del campo y el aire libre. Fue una reacción instintitva; y al parecer, embistió contra un roble que se había situado deliberadamente en el centro del sendero para detenerlo. Lo había visto desplazarse; siendo como era un profesional de la medición, acostumbrado al uso del teodolito y la cadena, tenía experiencia para saberlo. Cayó, vio las estrellas, y sintió que mil dedos minúsculos tiraban de sus manos y sus tobillos y su cuello. Sin duda se debía a las ortigas. Es lo que pensó más tarde. En ese momento le pareció diabólicamente intencionado.

Pero hubo otra ilusión extraordinaria para la que no encontró tan fácil explicación. Porque un instante despues, el bosque entero desfilaba ante él con un profundo susurro de hojas y risas, de miles de pies y de pequeñas, inquietas figuras; dos hombres vestidos de verde pardo le sacudieron enérgicamente, y abrió los ojos para descubrir que yacía en el prado junto al paso de cerca donde había comenzado su increíble aventura. El bosque estaba en su sitio de siempre, y le contemplaba al sol. Encima de él sonreía burlón el deteriorado letrero: -Prohibido el paso-.

Con la mente y el cuerpo trastornados, y bastante alterada su alma de empleado, el agrimensor echo a andar despacio a campo traviesa. Mientras caminaba, volvió a consultar las intrucciones de la tarjeta postal, y descubrió con estupor que podía leer la frase borrada pese a las tachaduras trazadas sobre ella: -Hay un atajo que cruza el bosque (el que quiero talar), si lo prefiere-. Aunque las tachaduras sobre si lo prefiere hacían que pareciese otra cosa: parecía decir, extrañamente, si se atreve.

-Ese es el bosquecillo que impide la vista de las lomas -explicó después su cliente, señalándolo desde el otro extremo del campo, y consultando el plano que tenía junto a él-. Quiero talarlo, y que se haga un camino así y así -indicó la dirección en el plano, con el dedo-. El Bosque Encantado lo llaman aún; es muchísimo más antiguo que esta casa. Vamos, señor Thomas; si está usted dispuesto, podemos ir a echarle una mirada...

17 abril 2010

Un par de libros

Continuando con las recomendaciónes, voy a pecar e introducirme en un mundo en el cual no tengo la vasta experiencia ni el conocimiento que lleva el estudio profundo de las letras, pero bien hoy es de dos libros los cuales para mi son una joya.

El primero es "La Edda Poetica"(Edda Mayor): una colección de poemas mitológicos y heroicos Nórdico-Islandicos que contiene las grandes narraciones sobre la creación del mundo según esta mitología, así como la venida del Ragnarok, "La caida de los dioses". Estos poemas exploran la sabiduría de los dioses y los gigantes, las aventuras de Thor (dios del trueno) en contra de los gigantes, así como la rivalidad entre los mismos dioses, así tambien como poemas sobre el heroe Helgi y su esposa la valkiria, entre otros. Despues de su re-descubrimiento en el siglo XVII a fascinado a diversos artistas tales como Thomas Gray, Richard Wagner (con su obra "El anillo de los Nibelungos") y al mismo Jorge Luis Borges.

El segundo es "La Edda Prosaica" (Edda Menor): Fue escrita por el erudito e historiador islandés Snorri Sturluson cerca del año 1220. Contiene entre sus páginas cuentos de la mitología Nórdica, que van aún mas allá, pues Snorri combinó la tradición oral,asi como grabados genealógicos y viejas canciones para inmortalizar la gloria de su país. Se ha llegado a considerar como una guía sobre los poetas y la poesía Islandica.



16 abril 2010

Volviendo a la vida en este ente digital les traigo un disco, grato para algunos (me incluyo entre esos) tal vez menos grato para otros, pero desde mi perspectiva algo digno de oir, forma parte de la discografia de "Kronos Quartet", y se titula "At the Grave of Richard Wagner"

Un poco de historia:
Kronos Quartet es un cuarteto de cuerdas formado por: David Harringto(violín), John Sherba(violín), Hank Dutt(viola) y Jefrey Ziegler(violonchelo).

En 1999 recibieron el Premio Schock, otorgado por un comité de la Real Academia Sueca de Música y en el 2004 el Grammy a la mejor actuación de música de cámara.

Este disco contó con la participación de Aki Takahashi(piano) y Marcella DeCray(harp)

Perteneciente al genero "clásica contemporánea" fue lanzado el 24 de setiembre de 1993 y fue producido bajo la dirección de Judith Sherman.

Temas incluidos:
1. "At The Grave Of Richard Wagner" 2:47
2. "String Quartet, Op. 3: I" 9:03
3. "String Quartet, Op. 3: II" 10:00
4. "Five Pieces, Op. 5: I" 2:26
5. "Five Pieces, Op. 5: II" 2:22
6. "Five Pieces, Op. 5: III" 0:38
7. "Five Pieces, Op. 5: IV" 1:43
8. "Five Pieces, Op. 5: V" 3:29


07 abril 2010

La Estatua

Cierta vez, entre las colinas, vivía un hombre poseedor de una estatua cincelada por un anciano maestro. Descansaba contra la puerta, de cara al sol. Y él nunca le prestaba atención.

Un día pasó frente a su casa un hombre de la ciudad, un hombre de ciencia. Y, advirtiendo la estatua, preguntó al dueño si la vendería.

Riéndose el dueño respondió:
¿Quién desearía comprar esa horrible y sucia estatua?"

El hombre de la ciudad dijo:
"Te daré esta pieza de plata por ella."

El otro quedó atónito pero agradado.

La estatua fue trasladada a la ciudad sobre el lomo de un elefante. Y luego de varias lunas el hombre de las colinas visitó la ciudad, y, mientras caminaba las calles, vio a una multitud ante un negocio, y a un hombre que a voz en cuello gritaba: "Acercaos y comtemplad la más hermosa, la más maravillosa estatua del mundo entero. Solamente dos piezas de plata para admirar la más extraordinaria obra maestra."

Al instante, el hombre de las colinas pagó dos piezas de plata y entró en el negocio para ver la estatua que él mismo había vendido por una sola pieza de ese mismo metal.


Khalil Gibran
 -poeta y filósofo libanés-


26 marzo 2010

la nada

Cuando el vino se beba,
sediento a si mismo,
buscando el etílico alivio,
será la realidad quien busque
las glorias en el olvido.

Cuando la llama se mire
congelada y sin calor
serán las sombras y su son
los que cobijen cada fervor.

Son placidos y serenos
los murmullos del viento inquieto,
que acarician los ríos sedientos
que corren a saciarse con la mares y sus avernos.

Manchas son, las que cubren la mente
que se tiñen de negro inconsciente,
para así cuando se ponga el sol
dejar todo y volver a verse existir
en su nocturna canción.




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23 marzo 2010

Lobo Estepario

Aquí les dejo un poema de un escritor que para mi persona su obra es demasiado grata, espero les guste:


Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre, nunca un ciervo.

¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.

Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.

Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.

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18 marzo 2010

Me costó convencerla, había desaparecido allá por las tierras de Perez Zeledón, pero aquí les traigo de vuelta algo de mi amiga Ana Luna, espero les guste

Abrí mis brazos a la vida
para encontrar una salida,
Abrí mi alma y busque la calma
Abrí mi corazón,
para tener una razón,
Abrí mi mente,
para dirigirme a la gente,
Me abrí un camino ahora mi vida tiene sentido,
En mi maleta eche mis sueños,
y fui en busca de un mundo nuevo,
Saque afuera mi espíritu,
para vivir el hoy ,
¡porque hoy la esperanza abraza mi corazón!

Cuerdamente loco / locamente cuerdo

En silente juego,
polvoriento y poco atento,
en muda algarabía
se asoma en agonía.

Penumbras bailan
juegan y tétricas cantan,
sobre el maderoso piso
los recuerdos y el olvido.

De la mano corren
cordura y locura en desborde,
por los pasillos fríos
del tiempo adormido.

Y mira tras la ventana
del viento el juego en calma,
mira el mecer
de su alma en la verde enramada.


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Pesadilla

Volvemos a las andadas, aquí les traigo uno de los poemas mas recientes de mi "Sinfonía de la noche" espero les guste


Baila en noche tormentosa
rayo que encadena furiosa,
temblor al cuerpo durmiente,
temor al alma inocente.

Pálidas se mueven
falanges envolventes,
rasgando hirientes,
verdades que mienten.

Se abre negro agujero
en el placido y azul cielo,
centelleando estrellas,
galaxias que azotan y rojas se confiesan.

Y de los libros las hojas en llamas
volando en círculos claman,
de los cortes en su vuelo
el terror que guarda el pecho.


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21 febrero 2010

¿Eterno?

Noche oscura y fría
que yace cual teatro
viendo en sus regazos
un acto de antaño

Viento y lluvia golpean,
una mente que en miedo juguetea,
en un vals se apresa
un danzante que eterno se confiesa

Tras cada nota se azota,
en el piano la mano devota,
la última noche sin luna
la última obra que hoy se acuna.

09 febrero 2010

Me he encontrado un poco retirado de este medio, mas por asuntos varios que por gusto propio, espero poder estar con ustedes lo antes posible en esta esfera de tinta y pluma